Allí estaba, sur de Etiopía, norte de Kenia; donde se pierde la esbeltez, la finura y la escurrida belleza de los etíopes del norte; donde empiezan a manifestarse con todo esplendor los rasgos negroides kenianos. Pero ella estaba allí, porteadora sin alma en medio de la ausencia, cariátide del desierto, perfil helenístico sin aristas, suspendida por la bruma que la atrapa, un milagro estético en un lugar sin nombre... ¡UNA APARICIÓN!